“Fe real, Biblia real”

Fe real, Biblia real

Tú quieres conectar más con Dios, tener tiempos a solas que no se sientan como tarea pendiente, abrir la Biblia sin sentir que estás leyendo algo lejano, complicado o, seamos honestas… aburrido.

Y no es que no ames a Dios. Es que a veces te cuesta encontrar el momento, la energía o simplemente las ganas. Entre el trabajo, el celular, la vida social, la casa, la rutina y mil cosas más, leer la Biblia puede pasar a la lista de “mañana empiezo”. Y ese “mañana” se vuelve “la próxima semana”.

Pero tranquila, no estás sola en esto. No es falta de fé real, es que a veces necesitamos reencontrarnos con la Palabra desde otro lugar: uno más real, más cercano, más nuestro.

1. Quita la presión de “leer mucho” y empieza por leer con intención

No tienes que leer cinco capítulos al día para que cuente. Empieza con un versículo. Uno. Y quédate ahí. Léelo, anótalo, mastícalo como chicle (sí, así). Pregúntate: ¿Qué me dice esto hoy? ¿Qué parte de mi vida necesita esta verdad?

Menos cantidad, más conexión.

2. Hazlo parte de tu rutina, no una obligación pesada

Así como tienes tiempo para tu skin care, tu cafecito o tu serie favorita, puedes hacer espacio para la Biblia. Encuentra el momento que mejor te funcione: en la mañana con tu taza de té, en el almuerzo, antes de dormir con una velita encendida… hazlo tuyo.

No es “una tarea espiritual”, es una cita contigo y con Dios.

3. Usa herramientas que te ayuden

Hay apps hermosas con planes devocionales, podcasts cortitos, playlists con música suave y hasta journaling bíblico. No es trampa, es adaptarse a este siglo sin perder la esencia.

No se trata de hacerlo perfecto, sino de tener fé real.

4. Léela como una carta, no como un manual

La Biblia no es solo reglas o historia antigua. Es una historia de amor (sí, real) que tiene mucho que ver con lo que vives hoy: ansiedad, decisiones, relaciones, autoestima, propósito…

Léela como si Dios te hablara, porque eso es exactamente lo que hace.

5. Ten gracia contigo misma

Habrá días en que no te concentres, te distraigas o simplemente no tengas ganas. No te castigues por eso. Volver a intentarlo también es parte de la fe. Dios no busca rendimiento, busca relación.

Imagina una tarde tranquila. Tienes tu taza de café o té, y decides tomarte un tiempo para ti. En ese momento, tu alma está en pausa. Con el corazón abierto, te permites un espacio de reflexión. Es en estos instantes donde comienza a florecer esa relación con la Biblia. Es un proceso que ocurre poco a poco. A medida que lees, empiezas a sentir cómo las palabras se transforman en parte de tu vida.


lo importante no es cuánto lees, sino cuánto te acercas

La motivación para leer la Biblia no siempre llega sola. A veces se construye poquito a poquito, como una amistad profunda o una relación sana. No te exijas más de lo que puedes dar. Solo vuelve. Con tu taza de café o té, con tu alma en pausa, con tu corazón abierto. Y verás cómo poco a poco, esa Palabra empieza a cobrar vida… en la tuya.


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