Cómo ayudar a otros a leer la Biblia

ayudar a otros a leer la Biblia

Hablar de fe, especialmente de la Biblia, con otras personas puede sentirse como caminar sobre terreno delicado. Queremos compartir lo que ha transformado nuestras vidas, pero también sabemos que cada persona tiene su propio proceso, ritmo y forma de creer —o no creer.

Entonces, ¿cómo podemos ayudar a otros a leer la biblia sin forzar, sin imponer, y sin apagar su interés antes de que empiece?

En este artículo, exploraremos pasos prácticos, llenos de gracia y respeto, para que puedas ser una guía suave y amorosa, incluso cuando la otra persona no comparta tus creencias… o no esté lista para hacerlo.

Primero lo primero: no se trata de convencer, sino de acompañar

A veces, sin querer, queremos que otros vivan nuestra fe al mismo ritmo, con la misma emoción. Pero la verdad es que la fe no se transmite a la fuerza, ni tampoco se impone como una obligación.

“Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.”

(Romanos 14:5)

Tu rol no es convertir a nadie, sino plantar semillas, crear espacios seguros, y reflejar con tu vida el amor que has encontrado en Dios.

¿Y si no creen? ¿Y si tienen otra religión… o son ateos?

Entonces, más que nunca, el amor y el respeto deben liderar la conversación.

Evangelizar no es una batalla que hay que ganar, sino un acto de servicio. No se trata de demostrar que uno tiene la verdad, sino de mostrar con humildad lo que esa verdad ha hecho en tu vida.

Lamentablemente, muchas veces se ha confundido ayudar a otros a leer la biblia con “corregir” o “convencer”. Y eso termina hiriendo, alejando y desfigurando el mensaje que se quiere compartir.

Te comparto ejemplos de situaciones que pueden llegar a ocurrir cuando intentas ayudar a otros a leer la biblia.

Ejemplo 1: evangelización casa por casa – la persona no quiere escuchar

Imagina que tocas la puerta, saludas amablemente y explicas que estás compartiendo un mensaje de esperanza basado en la Biblia.

La persona te responde con respeto:

“Gracias, pero no me interesa. No creo en eso.”

Aquí, el ego no debe intervenir. No es un rechazo personal. Es una decisión del otro, tan válida como la tuya de compartir.

Respuesta correcta del evangelizador:

“Gracias por su tiempo. Que tenga un buen día.”

Y retirarse con una sonrisa sincera.

No necesitas insistir. No necesitas dejar un folleto “por si acaso”. La amabilidad también es testimonio. Esa persona recordará cómo la trataste, más que lo que ibas a decir.

Ejemplo 2: la persona profesa otra religión y comienza a debatir

Supongamos que te encuentras con alguien de otra fe. Tal vez un testigo de Jehová, católico devoto, musulmán o judío.

Te escucha, pero responde con sus propios argumentos religiosos, incluso con cierta pasión o corrección.

Aquí es donde muchos evangelizadores caen en la trampa del debate teológico. Y cuando eso ocurre, se pierde el corazón del mensaje.

Forma correcta de actuar:

  • Escucha sin interrumpir.
  • No menosprecies sus creencias.
  • No intentes “ganar la discusión”.
  • Puedes decir con respeto: “Te agradezco por compartir tu punto de vista. Yo también creo profundamente en lo que vivo. Me alegra que tengamos ese deseo común de buscar a Dios.”

Si la conversación se da en tono amistoso, puedes compartir lo que la Biblia ha hecho en tu vida, sin tratar de corregir su religión. Si hay tensión, lo mejor es retirarse con paz.

Ejemplo 3: la persona es atea y expresa su visión con respeto

Muchas veces, un ateo no está enojado con Dios. Simplemente nunca lo ha experimentado de forma real.

Puede decir algo como:

“No creo en Dios, pero respeto que tú sí lo hagas.”

Aquí, el peor error sería reaccionar con ofensa o superioridad espiritual, diciendo cosas como “¡algún día vas a creer!” o “estás perdido”.

Respuesta saludable del evangelizador:

“Gracias por compartirlo. Me alegra que podamos hablar con respeto, aunque creamos diferente. Si alguna vez tienes preguntas sobre lo que yo creo, estaré feliz de compartirlo contigo.”

Ese tipo de actitud derriba prejuicios y siembra semillas. No todos los frutos son inmediatos. Algunos crecen en silencio, con el tiempo.

Ejemplo 4: ¿Y si es el evangelizador quien se comporta de forma agresiva u ofensiva?

Tristemente, sucede. Hay quienes, con buenas intenciones, se ciegan por el deseo de “defender la verdad” y terminan siendo duros, sarcásticos o condescendientes.

Pero Jesús nunca obligó a nadie a seguirlo. Nunca humilló a quien pensaba diferente. Nunca debatió por ganar.

✅ Un evangelizador verdadero:

  • Escucha más de lo que habla.
  • No necesita demostrar su fe, la vive.
  • Respeta el proceso espiritual de cada persona.
  • Sabe que el Espíritu Santo convence, no él.

“Con mansedumbre y reverencia, estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes.”

(1 Pedro 3:15)

Evangelizar no es gritar la verdad, es encarnar el amor

No todos querrán escuchar, y está bien. Tu deber no es convencer. Es reflejar.

Reflejar paciencia. Reflejar respeto. Reflejar el corazón de un Dios que invita, pero no impone.

Porque al final, las personas tal vez no recuerden tus palabras.

Pero sí recordarán cómo las hiciste sentir.

Y ahí, quizás, Dios empiece a hablarles donde tú ya no puedes.

6 pasos prácticos para acercar a otros a la Biblia sin forzarlos

1. Empieza con sus preguntas, no con tus respuestas

Muchas personas no leen la Biblia porque creen que no tiene nada que ver con sus vidas reales. Pero todos tenemos dudas: sobre el dolor, la muerte, el amor, la justicia…

En lugar de comenzar con un “tienes que leer esto”, pregunta primero:

– ¿Qué te hace cuestionarte sobre Dios o la vida?

– ¿Qué crees que dice la Biblia sobre eso?

Después, puedes mostrar pasajes que hablen de esos temas. Eso crea interés auténtico.


2. Comparte cómo te ha ayudado a ti (sin dramatizar)

Tu testimonio puede ser un puente muy poderoso.

No necesitas contar una historia perfecta ni inventar milagros. Basta con algo como:

“Este versículo me ayudó cuando estaba pasando por ansiedad.”

“Leer esto me dio paz cuando sentí que todo se caía.”

Lo personal conecta más que lo doctrinal. Las personas se relacionan con emociones, no con reglas.


3. Regala una Biblia con intención (¡y contexto!)

Si vas a regalar una Biblia, explícala antes.

Muchas personas no saben por dónde empezar, se confunden y se frustran. Puedes decir algo como:

“Si algún día te animas a leerla, te recomiendo empezar por los evangelios, como Juan o Marcos. No necesitas entenderlo todo, solo ve qué te llama la atención.”

Y si puedes regalar una Biblia en lenguaje actual o una guía simple, mucho mejor.


4. Invita, no empujes

¿Te gustaría leer juntos algún pasaje y hablarlo después?

¿Quieres acompañarme a un grupo donde leemos un Salmo cada semana?

Invitar no es imponer. Está bien si dicen que no.

Tu rol es abrir la puerta, no empujar a nadie por ella.


5. Usa recursos modernos y sencillos

Hoy en día hay formas divertidas, breves y accesibles de conocer la Biblia:

  • Apps con devocionales (como YouVersion)
  • Videos cortos explicativos (como los de BibleProject)
  • Podcast o playlists que explican libros de la Biblia

Recomienda con amor, como quien comparte una buena canción, no como quien quiere educar a la fuerza.


6. Ora por ellos, pero no los presiones

A veces el mejor acto de amor es orar en silencio por alguien, sin que lo sepa.

Pide a Dios que se revele en sus vidas, que les hable directamente.

No necesitas empujar cuando Dios sabe cómo tocar cada corazón.


Cómo acercarte a quienes amas sin parecer insistente

Aquí algunos consejos para acercarte sin incomodar:

  • Sé auténtico: no intentes sonar “religioso”. Sé tú misma.
  • Haz preguntas en vez de dar respuestas: muestra interés por su visión.
  • Evita debates: el objetivo es conversar, no tener la razón.
  • Escucha más de lo que hablas: a veces el silencio dice más que un sermón.
  • Respeta su espacio: si no quieren hablar del tema, no insistas. Dios también trabaja en los momentos de distancia.

Ama primero, guía después

La Biblia es viva, transformadora, llena de luz. Pero no todos están listos para verla así de inmediato.

Por eso, el mejor camino para ayudar a otros a leer la biblia es mostrar su fruto en tu vida.

Cuando las personas vean que tu fe te da paz en el caos, dirección en el desorden y consuelo en la tristeza, querrán saber más.

Y ahí es donde tú puedes decir: “Todo eso, lo he encontrado en la Palabra.”



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