¿Alguna vez te has preguntado cuál es nuestro lugar real en la iglesia hoy? No me refiero solo a sentarnos en la banca del domingo, sino a ser parte activa, viva y auténtica de lo que significa ser mujer de fe en este siglo tan agitado como apasionante.
Vivimos en un tiempo donde nos animan a levantar la voz, a soñar en grande, a romper barreras… y sí, también a vivir nuestra espiritualidad sin tener que encajar en moldes antiguos que ya no van con nosotras. La buena noticia es que la fe y el empoderamiento no están peleados. De hecho, se fortalecen mutuamente.
La mujer de hoy también es una mujer de fe
No tienes que elegir entre tu carrera profesional y tu llamado espiritual. Puedes ser líder, empresaria, mamá, estudiante, artista… y al mismo tiempo ser una mujer que ama a Dios profundamente. Porque nuestra identidad en Cristo no borra nuestras pasiones, nuestras metas o nuestra esencia. Al contrario, ¡las potencia!
Ser parte, no solo espectadora
Durante mucho tiempo se pensó que el rol de la mujer en la iglesia era más pasivo: orar, servir detrás de escena, cuidar a los niños… y aunque todo eso tiene un valor inmenso, hoy estamos viendo una transformación hermosa. Hay mujeres enseñando, predicando, organizando, liderando ministerios, usando sus talentos creativos y su influencia en redes sociales para llevar esperanza a otros. ¡Y eso también es iglesia!
Tu voz importa
¿Te ha pasado que quieres compartir algo en tu comunidad de fe, pero te detienes pensando: «¿Quién soy yo para hablar de esto?»? Bueno, déjame decirte algo con cariño: eres hija de Dios, llena de sabiduría, experiencias y dones únicos. Tu voz no solo importa, es necesaria. Este mundo necesita mujeres reales que hablen de un Dios real, desde su vida cotidiana.
Espiritualidad con tacones (o tenis, o botas)
Ser mujer cristiana no significa dejar de ser tú. Puedes amar la moda, tener una playlist con música cristiana y también con algo de pop, disfrutar del gimnasio, una buena taza de café, y seguir siendo profunda en tu relación con Dios. No tienes que encajar en un molde para ser usada por Él.
un llamado con tu nombre
Si alguna vez te has sentido fuera de lugar en la iglesia por ser “muy moderna”, “muy libre”, “muy tú”… recuerda que Dios te diseñó así, con propósito. No viniste a encajar. Viniste a brillar. Tu papel en la iglesia no es algo que alguien más te da, es algo que ya vive en ti.
Sigue caminando con fe, autenticidad y valentía. Porque el Reino también se construye con mujeres como tú.



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